El escenario electoral peruano atraviesa un momento inédito: no hay un liderazgo claro, no hay una figura que ordene el tablero y, sobre todo, la mayoría del país aún no decide. Lo que vemos no es una carrera con favoritos fuertes, sino una meseta de mínimos, marcada por la volatilidad y el desencanto ciudadano.
Liderazgos con “techo bajo”
Rafael López Aliaga (11.9%) y Keiko Fujimori (9.2%) encabezan la intención de voto, pero con cifras reducidas que representan apenas una fracción del electorado total. Ambos sostienen su posición gracias a un voto duro ideológico, pero enfrentan una barrera clara: altos niveles de rechazo que dificultan su crecimiento hacia el centro político.
El verdadero ganador: el desinterés
El dato más revelador no está en los primeros lugares, sino fuera de ellos.
La suma del voto blanco/viciado (27.6%) y los indecisos (14.9%) alcanza un contundente 42.5%. Es decir, casi la mitad del país aún no encuentra una opción que lo represente. Este bloque es hoy la mayor “fuerza política” del Perú y refleja una profunda desconexión entre la ciudadanía y la oferta electoral.
La búsqueda del outsider continúa
La aparición de Carlos Álvarez (5.8%) en el tercer lugar confirma una tendencia persistente: el electorado sigue explorando figuras no tradicionales, asociadas a discursos de orden, autoridad o ruptura con el sistema, por encima de las estructuras partidarias clásicas.
Centro e izquierda: fragmentación total
Alfonso López Chau, César Acuña y Mario Vizcarra se mueven en torno al 3%, dentro de un empate técnico. Esta dispersión impide, por ahora, la consolidación de un bloque competitivo de centro o centro-izquierda capaz de disputar el pase a la segunda vuelta.
¿Cómo se compara este momento con elecciones pasadas?
En los últimos 25 años, el Perú ha transitado de una “democracia sin partidos” a una “democracia de fragmentación total”.
2001–2011: A estas alturas del calendario electoral, los candidatos punteros superaban el 20% e incluso el 30%. Había polarización, pero también respaldo social claro.
2016–2021: La crisis se profundiza. En 2021, Pedro Castillo emergió recién en las últimas semanas. El escenario actual recuerda ese momento: la segunda vuelta podría definirse con menos del 15% de votos válidos.
Voto blanco en niveles récord: El 27.6% de voto blanco en febrero es inusualmente alto. Aunque históricamente este porcentaje disminuye al acercarse la elección, su magnitud actual revela un agotamiento del sistema de representación más severo que en 2001 o 2016.
Tres escenarios posibles rumbo al cierre del trimestre
- El “voto por descarte”
Si los indecisos se reparten de manera proporcional, la segunda vuelta podría ser entre López Aliaga y Fujimori, impulsados por el llamado “voto útil”. Sería un escenario de alta fragilidad institucional, con un presidente sin mayoría parlamentaria clara.
- El efecto sorpresa
Con un 9.3% en “otros” y casi 15% de indecisos, existe espacio para un “cisne negro” electoral: un candidato hoy marginal podría crecer de forma acelerada en las últimas semanas, capitalizando el rechazo al establishment político limeño.
- Balotaje de legitimidad mínima
Todo indica que los finalistas podrían llegar a segunda vuelta con los porcentajes más bajos de la historia democrática del Perú, obligando a alianzas urgentes y pragmáticas para evitar una crisis de gobernabilidad desde el primer día.
Nota clave
La ausencia de una “locomotora electoral” sugiere que esta elección no se definirá por marcas partidarias, sino por el desempeño en debates, la narrativa final de campaña y la capacidad de movilización territorial de último minuto.
El mensaje es claro: más que elegir entre candidatos, el Perú aún está decidiendo si cree o no en el sistema que los produce.


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