Santiago y Lima, dos extremos en movilidad urbana: el informe que revela las grandes diferencias latinoamericanas
La movilidad urbana está en un momento decisivo a nivel mundial. Según un reciente estudio de Boston Consulting Group (BCG), más del 90% de las ciudades del mundo ya han establecido metas para 2035 orientadas a reducir el uso del automóvil privado y priorizar alternativas sostenibles como el transporte público, la bicicleta y los desplazamientos a pie.

Sin embargo, el informe revela que la mayoría de las urbes están rezagadas, con avances mucho más lentos de lo esperado y una brecha difícil de cerrar respecto a sus propios objetivos.

El informe BCG City Mobility Compass, basado en más de 20 indicadores y encuestas a líderes urbanos, destaca tanto logros como obstáculos en las principales ciudades de América Latina.

Santiago de Chile lidera la región, con un puntaje cercano a 6 sobre 10 gracias a la solidez de su sistema de transporte público e integración entre metro, buses y modos activos. Sin embargo, enfrenta el reto de incrementar la frecuencia del transporte y mejorar la última milla.

Buenos Aires y Bogotá obtienen puntajes similares, alrededor de 5,5 sobre 10. Buenos Aires se destaca por la variedad y extensión de su red de transporte público, pero enfrenta desafíos asociados a la antigüedad del subte, la calidad del servicio y un menor impulso en sostenibilidad en comparación con Santiago.

En Bogotá, el sistema BRT impulsa su desempeño, aunque persisten problemas de congestión y hacinamiento. La ausencia de un metro operativo —en construcción y previsto para 2028— es un factor clave a mejorar.

Por su parte, Lima muestra un rezago mayor, con un puntaje de 3,5 sobre 10. Altos niveles de congestión, cobertura limitada del transporte público y fuerte dependencia del transporte informal y del vehículo privado son los principales puntos débiles señalados por el informe.

El análisis de BCG evidencia que las ciudades con mayor dependencia del automóvil presentan emisiones de CO₂ por trayecto que duplican a aquellas con sistemas de transporte público robustos, además de tiempos de viaje más elevados.