Semana Santa: cómo cambio la misa y la forma de vivir la fe en los último años
Lima, abril del 2026.- ¿Sabías que hace no mucho la misa se celebraba en latín y de espaldas a los fieles? La Semana Santa que hoy vive el mundo católico es el resultado de un proceso de transformación impulsado a mediados del siglo XX, que cambió profundamente la forma de vivir la fe.

Antes de estas reformas, la celebración estaba marcada por una fuerte distancia entre el sacerdote y la comunidad. La liturgia, muchas veces incomprensible, generaba una experiencia pasiva y desconectada de la vida cotidiana.

“La liturgia se convertía para muchos creyentes en un espectáculo que no lograban comprender, porque estaba en latín y no estaba claro qué ocurría, lo que impedía involucrarse plenamente en los misterios de la fe”, destaca el Dr. Rolando Iberico, profesor del Departamento de Teología de la PUCP.

Este escenario impulsó un proceso de renovación que buscaba responder a una pregunta clave: cómo hacer que la fe se viva y no solo se observe. Así, a partir de las reformas promovidas por Pío XII y el Concilio Vaticano II, la Iglesia apostó por una liturgia más cercana, comprensible y comunitaria.

Uno de los cambios más significativos fue la reorganización de la Semana Santa en los años cincuenta, junto con la recuperación de la Vigilia Pascual, lo que marcó un giro teológico: pasar de una espiritualidad centrada en el sufrimiento a otra enfocada en la resurrección.

Fe y tradición en el Perú

Sin embargo, la implementación de estas reformas no fue homogénea. En el Perú, por ejemplo, la renovación litúrgica ha convivido con una fuerte religiosidad popular, donde procesiones, peregrinaciones y tradiciones como el recorrido de las siete iglesias siguen convocando a miles de personas.

A más de medio siglo de estos cambios, la Semana Santa continúa siendo un espacio de encuentro entre tradición y transformación. El desafío sigue siendo lograr que la liturgia dialogue con la cultura y se convierta en una experiencia viva, donde los fieles no solo participen, sino comprendan y hagan suyo el sentido de la fe.