Lima, junio de 2026.- En un mundo donde el acceso al conocimiento es cada vez más fácil gracias al avance de la tecnología, las escuelas enfrentan un desafío que va más allá de transmitir contenidos. Hoy, el desarrollo de habilidades sociales y emocionales no solo favorece el rendimiento académico, sino también el bienestar en la vida de los estudiantes, señala la OCDE.
El propósito de la educación no es únicamente preparar a los estudiantes para ingresar a una universidad o desempeñarse con éxito en el ámbito profesional. También debe ayudarlos a descubrir quiénes son, desarrollar un criterio propio y convertirse en personas libres, responsables y comprometidas con el bien común, señala Fairuz Saba, directora del colegio Villa Caritas.
En ese contexto, Saba identifica algunos de los pilares que marcarán la educación de los próximos años:
● Formar el carácter y las virtudes. Más allá de los conocimientos, será fundamental desarrollar hábitos como la perseverancia, la honestidad, la empatía, el amor al prójimo y la fortaleza. Estos valores deben cultivarse desde la escuela y convertirse en una guía para la vida personal y el ejercicio profesional.
● Cultivar la búsqueda de la verdad y el pensamiento crítico. En una era de sobreinformación y herramientas de inteligencia artificial, los estudiantes necesitarán aprender a analizar, contrastar información y construir un juicio propio.
● Educar para la libertad y la responsabilidad. La verdadera autonomía implica comprender las consecuencias de las propias decisiones y actuar con responsabilidad frente a uno mismo y a los demás.
● Promover una cultura del encuentro y el servicio. La educación también debe fomentar la solidaridad, la capacidad de trabajar con otros y el compromiso con las necesidades de la comunidad.
● Impulsar una visión integral del desarrollo humano. El éxito académico o profesional adquiere mayor sentido cuando se acompaña de una vida guiada por valores, propósito y una genuina preocupación por contribuir positivamente a la sociedad.
Los logros académicos seguirán siendo importantes, pero constituyen solo una parte de una formación mucho más amplia. El verdadero desafío de la educación es preparar personas capaces de amar, servir, liderar y contribuir positivamente a la sociedad, concluye Saba.

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