La madrugada del 18 de agosto de 2026, en el punto más alto del Camino Inca (Warmiwañuska, a 4.210 metros), el porteador Gabriel Ríos Mamani (49) fue hallado sin vida. No fue un accidente; fue el resultado de la industria de turismo de Perú, que trata a sus trabajadores como bestias de carga.
Ríos Mamani trabajaba para la agencia "Alpaca Expeditions", trasladando el equipaje de unos 20 turistas. Según sus familiares, el porteador enfermó y fue abandonado en el camino; la agencia y los turistas priorizaron recuperar su carga antes que auxiliarlo.
Esto me hizo recordar algunos casos de esclavitud que vivimos en la historia de nuestra humanidad y es la misma esclavitud, distinto siglo.
Este caso es un calco de la explotación colonial en los safaris africanos, donde los porteadores eran desechables. Hoy, en pleno siglo XXI, "Alpaca Expeditions" https://www.alpacaexpeditions.com repite esa historia por unos míseros dólares. La Fiscalía investiga el posible delito de abandono de personas en peligro, pero mientras tanto, otro porteador, Alipio Ascencio Quiñonez (64), también murió de hipotermia en la ruta de Salkantay.
La familia de Gabriel lo dice con claridad: "Primero deberían ser las personas". Pero en el negocio del turismo de lujo, la vida de un porteador sigue valiendo menos que una mochila del turista.
El caso de los porteadores del Camino Inka es un caso de explotación que el Ministerio de Trabajo no quiere ver.
La muerte de Gabriel Ríos Mamani (49) a 4.210 metros de altura, abandonado por la agencia Alpaca Expeditions mientras los turistas seguían su camino, no es un accidente aislado. Es el síntoma de un sistema de explotación que el Ministerio de Trabajo y Promoción del Empleo (MTPE) se niega a desmantelar.
La labor del porteador está catalogada formalmente como actividad de alto riesgo bajo la Ley de Seguridad y Salud en el Trabajo. Sin embargo, en la práctica:
· Sobrecarga física: cargan hasta 75 kg por viaje—algunos superan los 150 kg—transportando desde verduras hasta cerveza artesanal.
· Jornadas agotadoras: sin periodos de descanso que permitan su recuperación física, acumulando fatiga extrema.
· Pernocta indigna: duermen a la intemperie, sin ambientes adecuados bajo techo que los protejan del clima.
· Traslados peligrosos: hasta hace poco, debían descender de madrugada a la estación del kilómetro 107 con baja visibilidad y temperaturas bajo cero.
La Sunafil ha recordado que las agencias deben contratar el Seguro Complementario de Trabajo de Riesgo (SCTR), implementar un Sistema de Gestión de Seguridad y respetar los pesos máximos de carga. El incumplimiento es infracción muy grave.
Pero la realidad es tozuda: Gabriel Ríos Mamani no tenía seguro, ni condiciones dignas, ni descanso. Y la Sunafil, pese a haber realizado 350 acciones de orientación en el sector turismo entre 2024 y 2026, no ha logrado frenar las muertes.
El Ministerio de Trabajo y el encargado de Turismo, brillan ausentes y complaciente.
Mientras el MTPE reporta 393 denuncias por trabajo forzoso entre 2020 y 2025, los porteadores siguen muriendo. La respuesta del Estado se reduce a:
· Recordatorios y comunicados de prensa que las agencias ignoran.
· Operativos de control anunciados con bombos y platillos, pero sin fiscalización efectiva.
· Mesas técnicas que prometen soluciones que nunca llegan.
Mientras tanto, el gobernador regional del Cusco declara que "los porteadores son el corazón del Camino Inka y merecen condiciones justas", pero el corazón del turismo de lujo sigue latiendo al ritmo de la explotación.
La pregunta es sencilla: ¿cuántos porteadores más tienen que morir para que el Ministerio de Trabajo actúe? La ley existe, las normas están escritas, las multas están previstas. Lo que falta es voluntad política para fiscalizar, sancionar y poner fin a esta esclavitud del siglo XXI.
Mientras el MTPE se esconde detrás de cifras y comunicados, los porteadores siguen cargando el peso de una industria que los usa y los desecha. Por unos míseros dólares

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