Detrás de “Marujita”, una de las canciones más populares de la música tradicional andina peruana del siglo XX, hubo una historia de amor real. La mujer que inspiró aquellos versos existió, fue artista y terminó convirtiéndose en la esposa y compañera musical de Ernesto Sánchez Fajardo, el Jilguero del Huascarán.
Su nombre era María Esther Fuentes Hurtado, aunque en los escenarios era conocida cariñosamente como Marujita.
Antes de conocer a Ernesto, Marujita ya estaba vinculada al mundo artístico. Cantaba y bailaba en los coliseos de Lima y, junto con sus hermanas Zoila y Carmen, formó parte de la Compañía Folclórica “Imperial Cuzco”. Más adelante, junto a Zoila, integró el dúo “Las Hermanitas Fuentes”, con el que se presentó en diferentes coliseos de la capital y realizó giras por provincias del centro y sur del Perú.
Mientras tanto, Ernesto Sánchez Fajardo había llegado joven desde Áncash a Lima y comenzaba a abrirse camino con el nombre artístico que terminaría haciéndolo famoso: El Jilguero del Huascarán. Tras triunfar en Amancaes en 1949, incursionó en las grabaciones fonográficas a solicitud de José María Arguedas.
Los caminos de ambos artistas finalmente se cruzaron
En 1958, Ernesto conoció a Marujita mientras ella cantaba en el Coliseo Nacional del Porvenir, en La Victoria. Aquel encuentro no quedó solamente en una admiración artística: entre los dos nació una relación sentimental.
Como expresión de ese amor, Ernesto escribió un vals titulado “Marujita”, que grabó en 1959.
Un año después, en 1960, Marujita y Ernesto contrajeron matrimonio en la Municipalidad de San Martín de Porres. El Jilguero comenzó a presentarla artísticamente como la “Campesinita Ancashina”, y juntos emprendieron numerosas giras por diferentes lugares del Perú.
Marujita también pasó a ocupar un lugar importante en la música de su esposo. Durante muchos años, su voz estuvo presente en los coros de las grabaciones que Ernesto Sánchez Fajardo realizó en discos de vinilo.
Pero todavía faltaba la canción que terminaría haciendo historia
Inspirado, según el relato proporcionado, en la belleza, ternura e inteligencia de su esposa, Ernesto volvió a escribir una composición con su nombre. Esta vez lo hizo en ritmo de huayno ancashino.
Así nació la célebre “Marujita”.
La canción fue grabada en un disco de 45 rpm para la compañía discográfica Lempsa y rápidamente alcanzó una enorme popularidad. Sus versos hablaban directamente de aquel encuentro amoroso y del profundo sentimiento que Marujita había despertado en el cantante.
A finales de 1960, el éxito alcanzó una dimensión histórica: según la información proporcionada, “Marujita” obtuvo el primer Disco de Oro otorgado a una canción del género andino por su récord de ventas en el Perú.
El reconocimiento tuvo un significado que fue más allá de lo comercial. En una Lima donde la música y las expresiones culturales andinas todavía enfrentaban fuertes prejuicios, aquel éxito representó un importante momento para su presencia y reconocimiento en la capital.
Y detrás de todo estaba una mujer
María Esther Fuentes Hurtado, la verdadera Marujita, no fue solamente el nombre de una canción. Fue cantante, bailarina, compañera artística y esposa del Jilguero del Huascarán.
Por eso, cuando generaciones de peruanos volvieron a escuchar “Marujita”, estaban escuchando también una historia de amor convertida en música.

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