Un inmenso reservorio hídrico yace oculto en el manto terrestre, específicamente entre los 410 y 660 kilómetros de profundidad, donde se integra de forma química a los minerales. Esta reserva subterránea resulta fundamental para la dinámica planetaria profunda, ya que influye directamente en la actividad volcánica y propicia el origen de los terremotos de mayor impacto en la Tierra.
Según un editorial de la revista científica Nature Geoscience enfocado en el ciclo interno del agua, este sistema conecta con el flujo hidrológico superficial mediante las zonas de subducción, el sector exacto donde las placas oceánicas trasladan el recurso hacia el interior del globo.
La relevancia de este hallazgo redefine la comprensión geológica actual. "Las investigaciones sobre las aguas profundas han demostrado que la Tierra es mucho más que un punto azul visto desde el espacio", señala el texto especializado. El documento también destaca que "tanto el manto como el núcleo podrían albergar sus propios océanos de agua rica en minerales".
El interior de la Tierra no alberga océanos subterráneos líquidos. En su lugar, debido a las extremas presiones y temperaturas del manto, la humedad se integra en la estructura cristalina de los componentes rocosos o se aloja entre sus granos. "A las altas presiones y temperaturas, el agua no existe como H₂O libre, sino como aniones OH⁻ incorporados y ligados a minerales", destaca la revista.
Ese fenómeno cobra relevancia cuando las placas tectónicas se hunden en las zonas de subducción. Al descender cientos de kilómetros, las transformaciones térmicas y físicas obligan a los componentes hidratados a liberar los fluidos retenidos. Dicho proceso altera las propiedades mecánicas del entorno rocoso, lo que facilita la ruptura de fallas geológicas a niveles extremos.
Las reacciones de deshidratación mineral esclarecen el origen de las fracturas telúricas que ocurren a unos 600 kilómetros bajo la superficie, una zona donde la roca normalmente fluiría de forma lenta en vez de romperse.

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