En Perú, incontables propiedades inacabadas dominan el paisaje, salvo los barrios de clase media y alta. "Perú es un país que nunca termina de construirse", reflexiona Wiley Ludeña, urbanista de la Pontificia Universidad Católica del Perú.
Pone como ejemplo a la capital. "Es como una ciudad informal gigante, como si fuese toda una barriada en obra permanente", dice en referencia a los asentamientos informales en los que viven millones de ciudadanos y que quedaron integrados en esta urbe de más de 10 millones de habitantes.
Peruanos de a pie me repiten un motivo para las viviendas sin terminar: "Es rentable. Mientras estén en construcción, pagan menos impuestos".
La realidad es más compleja. Detrás de este fenómeno se esconden pocos recursos, familias que crecen más rápido que los hogares, políticas que alientan más que resuelven y un peso abrumador de la autoconstrucción.
Se estima que 7 de cada 10 casas son autoconstruidas en Perú, uno de los índices más altos de América Latina, según el Grupo de Análisis para el Desarrollo (Grade), un centro de investigación privado peruano.
"En un principio, las barriadas eran un paraíso. La gente construía y hasta hoy siguen construyendo según sus posibilidades económicas. Un año un piso, más tarde otro, luego la habitación, otro la fachada", explica Ludeña.
Pero con el tiempo, dice el urbanista, se generó un "auténtico infierno urbano carente de servicios. Una ciudad enferma por el abandono estatal en asesorías técnicas".
Esto se refleja en una estética de construcción inacabada que, a diferencia de otros países de la región donde también existe un notorio número de viviendas informales y autoconstruidas, en Perú es más visible y no se limita a las periferias o zonas rurales.
De acuerdo a datos de 2023 del Observatorio Nacional de Prospectiva de Perú, un 44,6% de los 34 millones de peruanos habita barrios marginales, asentamientos informales o viviendas inadecuadas. En 2007 esa cifra fue del 49,9%.

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