Hubo una época en que bastaban dos guitarras y tres voces para llenar las radios, los hogares y los barrios del Perú. Entre los grandes protagonistas de aquellos años estuvieron Los Embajadores Criollos, conocidos popularmente como “Los Ídolos del Pueblo”.
El trío nació en Lima hacia finales de la década de 1940 y quedó conformado por Rómulo Varillas, primera voz y segunda guitarra; Carlos Correa, segunda voz; y Alejandro Rodríguez, primera guitarra.
Su gran salto a la popularidad llegó alrededor de 1950, cuando sus presentaciones radiales comenzaron a acercarlos a un público cada vez mayor. Primero pasaron por Radio Atalaya y posteriormente por Radio Victoria, cuando la radio era uno de los principales medios para descubrir y seguir a los artistas criollos.
Pero Los Embajadores Criollos tenían algo que los diferenciaba
Su música estaba cargada de melancolía, amores imposibles, abandono y desengaños. La voz de Rómulo Varillas, con sus particulares falsetes y “gallitos”, terminó convirtiéndose en una de las características más reconocibles del conjunto.
También había una identidad propia en las guitarras. Alejandro Rodríguez desarrolló una particular manera de puntear conocida como “tiki-tiki”, mientras Varillas acompañaba con un característico trabajo de bajos en la segunda guitarra. Carlos Correa completaba el sonido con su segunda voz.
De aquella combinación surgieron interpretaciones que acompañaron a generaciones de peruanos. Entre las más recordadas aparecen “Alma, Corazón y Vida”, “Esclavitud” y muchas otras canciones que encontraron en sus voces una forma especialmente sentimental de llegar al público.
Su trayectoria coincidió además con una etapa extraordinaria de la música criolla. En aquellos años aparecieron agrupaciones como Los Troveros Criollos y Fiesta Criolla, con propuestas diferentes y más festivas, mientras Los Embajadores conservaron aquel estilo romántico y quejumbroso que los había identificado desde sus comienzos.
Con el paso de los años también llegaron los cambios. Rómulo Varillas dejó el conjunto y, posteriormente, una nueva etapa comenzó con Carlos Guzmán, acompañado por Alejandro Rodríguez y Carlos Correa.
Sin embargo, para muchos seguidores del criollismo, la imagen que permanece es la de Varillas, Correa y Rodríguez reunidos frente a un micrófono, interpretando aquellos valses que hablaban directamente de las alegrías y, especialmente, de las penas del corazón.
Así se ganaron un sobrenombre que todavía acompaña su historia: “Los Ídolos del Pueblo”.

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